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Otro
día con clima ideal. Centenares de automoviles ingresando a Baradero
preanunciaban que la fiesta sería antológica, y así lo fue. A la hora
de comienzo, el anfiteatro presentaba un lleno total, como en sus
mejores tiempos. Allí tuvo lugar una apertura emocionante con más de
60 personas en escena, integradas por el Ballet Municipal Sixto
Palavecino y la Agrupación Coral Baradero, la cual interpretó "Baradero,
Ciudad del Encuentro" con Liliana Prieto como solista y la
dirección de Héctor Quattromano. Los fuegos artificiales dieron marco
al emocionado ingreso de Oscar Righini, Marcelo Simón y Karina Pérez
Pintos.
Abrió el espectáculo La Chacarerata Santiagueña a ritmo
vertiginoso y puso inmediatamente al público en estado de festejo.
Promediando la actuación apareció la primera sorpresa de la noche, ya
que subió al escenario para bailar el legendario Vitillo Abalos,
acompañado de su Sra. esposa, lo que cargó de emoción y nostalgia a
la multitud.
A continuación fue el turno de Patricia Vel, con el
acompañamiento de Carlos Galván y su orquesta, la que produjo una
interesante perfomance, la mejor de su paso por ediciones anteriores del
festival, arrrancando varios pedidos de bises.
Los Tucu Tucu llegaron para ofrecer su repertorio
tradicional y revalidaron su eterno romance con Baradero.
Una nota destacada la produjeron Bernardo Bergé,
Revelación Baradero 2000, y su padre Claudio Bergé, en su reencuentro
con el escenario que lo vio nacer en sus comienzos artísticos.
Dos generaciones unidas
por un mismo amor al tango y por un mismo festival.
Uno de los momentos fuertes llegó con la presentación de
Las Voces Blancas, derrotando el viejo prejuicio de los grupos vocales
como aburre festivales y fueron ovacionados en muchos momentos de su
actuación, llegando a su punto culminante cuando se integró la
Agrupación Coral Baradero para la versión final de Juana Azurduy, lo
que motivó que el público los despidiera de pie.
Y las emociones no pararían, ya que se produjo el momento más
emotivo de la noche, cuando subió al escenario don Alberto Merlo, uno
de los artistas fundamentales de nuestra música popular, solamente
respaldado por su guitarra criolla, en tiempos en que otros artistas
suben rodeados de un arsenal tecnológico. La enorme dimensión de don
Alberto generó uno de los silencios más profundos de la noche y le
permitió recorrer tranquilamente su repertorio
surero.
Promediando su actuación, tuvo uno de los gestos que sólo los
grandes pueden tener, presentó al joven de Aluminé, Gabriel
Lucero, mención especial del Pre Baradero, quien cultiva el mismo
género surero y fue invitado por los organizadores a participar del
Festival. También el invitado causó un alto impacto emocional en el
público, lo que le valió un bis.
Y al fin llegó el momento que muchos esperaban y con una enorme
ovación subió al escenario Luciano Pereyra, Consagración Baradero 99,
para recorrer durante una hora todo su repertorio.
Completaron el elenco el ballet de Koki y Pajarín Saavedra,
Carlos Torres Vila y los ganadores del Pre: Gisela Baum, Los Cuatro del
Sol, Rita y Martín Correa, Verónica y Daniel Ludueña.
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