Sábado 17: La noche mágica

17 de febrero de 2001

  La segunda jornada se desarrolló permanentemente al filo de la emoción

   Otro día con clima ideal. Centenares de automoviles ingresando a Baradero preanunciaban que la fiesta sería antológica, y así lo fue. A la hora de comienzo, el anfiteatro presentaba un lleno total, como en sus mejores tiempos. Allí tuvo lugar una apertura emocionante con más de 60 personas en escena, integradas por el Ballet Municipal Sixto Palavecino y la Agrupación Coral Baradero, la cual interpretó "Baradero, Ciudad del Encuentro" con Liliana Prieto como solista y la dirección de Héctor Quattromano. Los fuegos artificiales dieron marco al emocionado ingreso de Oscar Righini, Marcelo Simón y Karina Pérez Pintos.
   Abrió el espectáculo La Chacarerata Santiagueña a ritmo vertiginoso y puso inmediatamente al público en estado de festejo. Promediando la actuación apareció la primera sorpresa de la noche, ya que subió al escenario para bailar el legendario Vitillo Abalos, acompañado de su Sra. esposa, lo que cargó de emoción y nostalgia a la multitud.
   A continuación fue el turno de Patricia Vel, con el acompañamiento de Carlos Galván y su orquesta, la que produjo una interesante perfomance, la mejor de su paso por ediciones anteriores del festival, arrrancando varios pedidos de bises.
   Los Tucu Tucu llegaron para ofrecer su repertorio tradicional y revalidaron su eterno romance con Baradero.
   Una nota destacada la produjeron Bernardo Bergé, Revelación Baradero 2000, y su padre Claudio Bergé, en su reencuentro con el escenario que lo vio nacer en sus comienzos artísticos. 
   Dos generaciones unidas por un mismo amor al tango y por un mismo festival.
   Uno de los momentos fuertes llegó con la presentación de Las Voces Blancas, derrotando el viejo prejuicio de los grupos vocales como aburre festivales y fueron ovacionados en muchos momentos de su actuación, llegando a su punto culminante cuando se integró la Agrupación Coral Baradero para la versión final de Juana Azurduy, lo que motivó que el público los despidiera de pie.
  Y las emociones no pararían, ya que se produjo el momento más emotivo de la noche, cuando subió al escenario don Alberto Merlo, uno de los artistas fundamentales de nuestra música popular, solamente respaldado por su guitarra criolla, en tiempos en que otros artistas suben rodeados de un arsenal tecnológico. La enorme dimensión de don Alberto generó uno de los silencios más profundos de la noche y le permitió recorrer tranquilamente su repertorio surero.      
  Promediando su actuación, tuvo uno de los gestos que sólo los grandes pueden tener, presentó al joven de Aluminé, Gabriel Lucero,  mención especial del Pre Baradero, quien cultiva el mismo género surero y fue invitado por los organizadores a participar del Festival. También el invitado causó un alto impacto emocional en el público, lo que le valió un bis.
  Y al fin llegó el momento que muchos esperaban y con una enorme ovación subió al escenario Luciano Pereyra, Consagración Baradero 99, para recorrer durante una hora todo su repertorio.
  Completaron el elenco el ballet de Koki y Pajarín Saavedra, Carlos Torres Vila y los ganadores del Pre: Gisela Baum, Los Cuatro del Sol, Rita y Martín Correa, Verónica y Daniel Ludueña.
   
      
 


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