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La noche del final era prometedora y el Anfiteatro lleno fue la
consecuencia. Abrió el fuego el grupo de Escobar, Amaneciendo,
invitados especiales, a solicitud del jurado del Pre Baradero y
produjeron una actuación muy convincente que fue largamente aplaudida
por el público.
Los Cuatro del Sol, de Mendoza, Revelación
2001 del Festival, volvieron a demostrar sus condiciones vocales e
instrumentales como genuinos representantes de la música cuyana.
El grupo chamamecero Corazón Litoraleño, de
Baradero, explotó muy bien el tiempo de actuación y produjo una
seguidilla de canciones que reflejaron sus progresos constantes hacia
una definitiva carrera profesional.
César Hernán volvió por sus viejos
pergaminos, logrados en la anterior edición del Festival y, fiel a su
tradición, bajó a la platea para cantar, cosechando nuevamente la
ovación final.
Como en la noche del sábado, fue el turno de una
gran orquesta de tango, la de Roberto Prando, la cual
brindó una actuación sin fisuras y debió conceder varios bises. Junto
a la orquesta, se presentó la pareja de tango baraderense de Carolina
Scialchi y Pablo Moyano, con su conocida solvencia.
Sin desentonar con la calidad del espectáculo se
presentaron los ganadores del Pre Baradero: Hernán Sánchez Arteaga
(Solista Instrumental), Basconcello-Basconcello (Pareja Zamba
Tradicional), José Maldonado (Humor Costumbrista) y La Yunta
(Dúo Vocal).
Un buen momento de tango se vivió con la actuación
de los cantantes Roberto Taddei y Juan Carlos Granelli.
Ambos debieron prolongar su presentación a pedido del público.
El ballet de Koki y Pajarín Saavedra produjo
uno de los acostumbrados grandes momentos del Festival, con la
ejecución de un magistral cuadro de malambo que mantuvo al público
casi en estado de fascinación y ratificó la gran aceptación que tiene
este grupo en Baradero.
El grupo Mizares de Jujuy, muy respaldado por
la ciudad del encuentro, subieron para decir lo suyo, en un clima de
gran complacencia.
Abel Pintos produjo una actuación
conmovedora, que se trasladó del escenario al público, para confirmar
cuanto ha progresado en lo interpretativo, sustentado en un repertorio
coherente. La
primer visita al Festival no podía tener mejor final, ya que recibió
el premio Consagración 2002.
Ya entrada la madrugada, prácticamente no se había movido
un alma, esperando la actuación de León Gieco y apenas el
santafecino pisó el escenario explotó el Anfiteatro. Cuando se
esperaba la algarabía general, León sorprendió a todos al presentar,
íntegro, su último trabajo "Bandidos rurales", el cual
necesita de un clima muy especial, y el milagro se produjo, la multitud
siguió con unción, casi religiosa, cada una de las interpretaciones.
Cuando abordó su repertorio más tradicional sucedió lo previsible: el
Festival terminó como lo merecía, en una fiesta general, cuando ya el
sol despuntaba sobre el Parque
Sarmiento.
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