Última noche: emocionante y mágica

10 de febrero de 2002

 Con picos muy altos de emoción y calidad artística se rubricó el final de la fiesta festivalera.

    La noche del final era prometedora y el Anfiteatro lleno fue la consecuencia. Abrió el fuego el grupo de Escobar, Amaneciendo, invitados especiales, a solicitud del jurado del Pre Baradero y produjeron una actuación muy convincente que fue largamente aplaudida por el público.
    Los Cuatro del Sol, de Mendoza, Revelación 2001 del Festival, volvieron a demostrar sus condiciones vocales e instrumentales como genuinos representantes de la música cuyana.
    El grupo chamamecero Corazón Litoraleño, de Baradero, explotó muy bien el tiempo de actuación y produjo una seguidilla de canciones que reflejaron sus progresos constantes hacia una definitiva carrera profesional.
    César Hernán volvió por sus viejos pergaminos, logrados en la anterior edición del Festival y, fiel a su tradición, bajó a la platea para cantar, cosechando nuevamente la ovación final.
    Como en la noche del sábado, fue el turno de una gran orquesta de tango, la de Roberto Prando, la cual brindó una actuación sin fisuras y debió conceder varios bises. Junto a la orquesta, se presentó la pareja de tango baraderense de Carolina Scialchi y Pablo Moyano, con su conocida solvencia.
    Sin desentonar con la calidad del espectáculo se presentaron los ganadores del Pre Baradero: Hernán Sánchez Arteaga (Solista Instrumental), Basconcello-Basconcello (Pareja Zamba Tradicional), José Maldonado (Humor Costumbrista) y La Yunta (Dúo Vocal).
    Un buen momento de tango se vivió con la actuación de los cantantes Roberto Taddei y Juan Carlos Granelli. Ambos debieron prolongar su presentación a pedido del público.
    El ballet de Koki y Pajarín Saavedra produjo uno de los acostumbrados grandes momentos del Festival, con la ejecución de un magistral cuadro de malambo que mantuvo al público casi en estado de fascinación y ratificó la gran aceptación que tiene este grupo en Baradero.
    El grupo Mizares de Jujuy, muy respaldado por la ciudad del encuentro, subieron para decir lo suyo, en un clima de gran complacencia.
    Abel Pintos produjo una actuación conmovedora, que se trasladó del escenario al público, para confirmar cuanto ha progresado en lo interpretativo, sustentado en un repertorio coherente. La
primer visita al Festival no podía tener mejor final, ya que recibió el premio Consagración 2002.
   Ya entrada la madrugada, prácticamente no se había movido un alma, esperando la actuación de León Gieco y apenas el santafecino pisó el escenario explotó el Anfiteatro. Cuando se esperaba la algarabía general, León sorprendió a todos al presentar, íntegro, su último trabajo "Bandidos rurales", el cual necesita de un clima muy especial, y el milagro se produjo, la multitud siguió con unción, casi religiosa, cada una de las interpretaciones. Cuando abordó su repertorio más tradicional sucedió lo previsible: el Festival terminó como lo merecía, en una fiesta general, cuando ya el sol despuntaba sobre el Parque Sarmiento.         
   
 

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