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El
inusual movimiento de la ciudad, desde horas tempranas, hacía presumir
lo que ocurriría durante la noche en el Anfiteatro. Una multitud,
estimada en 10.000 personas, contagiaba un entusiasmo previo que
preanunciaba que se estaba en una de las noches que se pueden calificar
de memorables. Y fue así nomás.
Luego de la ejecución del Himno Nacional, en la versión
de Jairo, que fue coreado con gran emoción por la concurrencia,
comenzó la apertura con el Ballet Municipal Sixto Palavecino, el que
dio paso al locutor Oscar Righini, quien dio el grito inicial, entre un
imponente espectáculo de fuegos artificiales.
Abrió la noche Viviana Careaga y Condorkanki con una
presentación contundente, para dar paso al local Hugo Castiglioni,
quien había sido insistentemente pedido por la gente y no defraudó.
Lucía Ceresani confirmó las espectativas que habían
puesto los organizadores en su actuación, ya que había sido
promocionada como uno de los valores de mayor proyección surgidos en el
último año y se llevó uno de los grandes aplausos de la noche.
Los Sacha, Consagración Baradero 1998, brindaron una
presentación convincente, demostrando como progresan día a día.
Baradero cumplió un viejo sueño, el de tener un conjunto
cuyano por noche y fue el turno del grupo mendocino Los del Solar,
una excelente conjunción de voces y guitarras virtuosas, clásicas de
la región, dieron un espectáculo refrescante.
Un lugar muy relevante ocuparon los valores surgidos de la
cantera del Pre Baradero dando muestras de un valor superlativo: Lezama
y Sánchez Gajo (Pareja de Zamba Estilizada), Los Shelkas
(Conjunto Instrumerntal), Laura Ocampo (Solista Vocal Folclore), Franco
Puig (Solista Vocal Tango), Alfredo Pájaro Muñoz
(Recitador) y Ricardo Perotti (Solista Vocal Folclore).
Mientras la tensión iba subiendo, hizo su presentación el
Ballet Renacer de mi Pueblo, de Baradero, presentando un trabajo
muy bien elaborado.
Finalmente, el estallido contenido con la presentación de Los
Nocheros, reviviendo una vieja historia con Baradero, historia de
amor, celos, pasión, peleas y reconciliaciones, que se remonta a 1992
cuando llegaron por primera vez y a 1993 cuando resultaron Revelación
del Festival. En cuanto a lo artístico todo sucedió sin contratiempos,
con el sustento de un espectáculo de primerísimo nivel, muy elaborado
en lo musical y en la puesta en escena general, pero con el componente
de sentirse, casi como en casa, rodeados de amigos, de la primera hora,
antes de que las mieles de la fama los atraparan.
En síntesis, con el final la multitud se retiró
cansinamente, con la sensación de haber vivido una noche plena, como
pocas, especialmente el público femenino, abrumadora mayoría del
Anfiteatro.
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